María Florencia Vidal

María Florencia Vidal

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EN CAMINO DESDE EL CORAZÓN

“Mi nombre es María Florencia Vidal, llegada a este ciclo vital el 18 de Mayo de 1991. El nombre original iba a ser María Luz, pero al instante de nacer mi padre mi miró y, sin pensarlo y de forma repentina, cambió el nombre a María Florencia, apuntándolo en el certificado de nacimiento. Al cabo de un rato, se lo había comentado a mi madre, quien extremadamente sorprendida le preguntó por qué lo había hecho. Y su respuesta fue muy simple: “porque tenía cara de María Florencia”. Aunque él, ya fallecido en el año 2017, nunca se hubiese imaginado que se trataba de algo mucho más complejo y profundo, y que con el transcurso de los años, experiencias y la iniciación de un camino consciente, me condujo a la comprensión de aquello.

Se trataba de aquella María Florencia; Racional, Ciencia, Tierra, que vendría a transitar el camino de la integración de María Luz; Alma, Espíritu, Cielo. Procuraré compartir experiencias acerca de aquella integración Ciencia-Espiritualidad, con el fin de aportar alguna resonancia o sincronismo con quien lo necesite en este momento presente.

Desde los inicios, tuvo lugar una crianza y desarrollo dual: Campo y Ciudad; Ciudad y Campo. Por lo que algún camino ya se trazaba. En la Ciudad encontraba Ciencia, mientras que en el Campo encontraba todo aquello que no lo era, pero que en ese momento sólo lo definía como Naturaleza. Las dos me apasionaban por igual, pero quien gobernaba en ese entonces era la Ciencia, y entre medias un especial interés en los animales y las personas. Y por lo bajo, sonando de fondo, mi gran pasión por la música y los instrumentos.

Durante el transcurso del desarrollo, también fue el deporte quien golpeó la puerta con contundencia y, tras ayudar a ciertos compañeros de escuela en las asignaturas que podía hacerlo, me encontraba gustosa de hacerlo. Todo aquello concluyó en el interés del Ser Humano en movimiento, y la actividad física como el sano impulsor de aquello, que se combinaba con la excitante idea de poder enseñar y acompañar el aprendizaje de ese movimiento tan puro, tan esencial, y que comienza dando los primeros pasos en el neurodesarrollo.

Así es que no hubo dudas, y la primera formación fue la del Profesorado de Educación Física. Allí sumergida comencé a entrar en contacto con la Anatomía y Fisiología del cuerpo humano y fue fascinación inmediata, marcando un punto de inflexión: el conocimiento en el mundo sanitario. Pero una duda existencial me frenó en seco tras haber finalizado el Ciclo Básico Común en salud, que permitía escoger diversas carreras de salud, y dos gritos se oyeron en simultáneo: la Razón, quien dirigía hacia la Medicina; y el Espíritu, quien gritaba Fisioterapia.

La Consciencia intervino por primera vez con paso firme, poniendo claridad en la idea que se escondía detrás de la razón, quien estaba escogiendo Medicina para responder a creencias o patrones heredados, los cuales querían fuertemente un médico en el sistema. Mientras que el espíritu escogía la Fisioterapia desde una verdad: aunque no sabía de qué se trataba aquello (disciplina relativamente nueva en aquella época), sentía que el vínculo con las personas sería diferente, siendo la herramienta principal, las manos.
Con profunda convicción comenzó ese largo camino de 7 años de formación en Fisioterapia, interrumpidos durante un año el cual, ante la fascinación por la Anatomía Humana, me habían convocado para realizar la Formación Docente en Anatomía Humana. Un año extremadamente complejo en horas y horas de estudio que se convertiría en un aprendizaje eterno.

Pero entre tanta ciencia, de forma repentina y sin pensarlo, la música seguía sonando cada vez más fuerte, hasta que llegó en forma de violín. Por lo que durante los 7 años de formación sanitaria, a la vez fueron en forma paralela formación en dicho instrumento, y que actualmente continúa, también marcando en su aprendizaje un pulso de eternidad.

Tras finalizar el ciclo sanitario, aquello dio comienzo al primer año de Conservatorio de Música para instrumento violín. Para resumir, esa temporada de encuentros vinieron a romper en mil pedazos muchas estructuras sostenidas, abriendo paso al espíritu hacia un cambio completo de vida, tras la llegada de la primera ruptura de una gran zona de confort: un cambio de continente, desde Argentina hacia España. Sólo ropa, y las pasiones reunidas en libros de anatomía y el violín con las partituras y estudios acumulados por 7 años, y nada más. Bueno sí: incertidumbres. Sólo confiaba en ese espíritu, quien iba tomando cada vez el mando.

Lo siguiente se resume en años muy complejos de todo proceso migratorio: trámites, convalidaciones, búsquedas laborales, obstáculos económicos, emocionales, crisis, enraizamiento, angustias, llantos y más crisis. Por burocracia y administración, era una dificultad continuar con la formación académica profesional en violín.

Pero la vida abrió otra puerta, totalmente impensada, pero a la vez vinculada a la salud: la Osteopatía. Cuatro años de formación profunda que vinieron a responder muchas preguntas que había dejado la Fisioterapia y que habían sido lanzadas al Universo, intencionando posibles respuestas. Llegaron, años después y en otro continente; Europeo, totalmente familiar y de retorno a las raíces españolas e italianas que se entremezclaron tras nacer.

Pero la Osteopatía no sólo vino a dar respuestas a posibles interrogantes académicos: vino a mucho más. Vino a marcar una filosofía de ser y de vivir, que resultaba totalmente familiar, de vuelta a los orígenes, al Campo. Orígenes de nuestra propia Naturaleza y en total comunión con la Naturaleza que nos rodea. Orígenes de nuestro propio Ser en total comunión con el Ser Universal, donde todas las fuerzas e impulsos vitales se reúnen. Así, la perspectiva de todo cambió. No sólo aprendía conocimiento científico, sino que otro tipo de conocimiento atravesaba y sanaba, no sólo el cuerpo, sino también el Espíritu.
De repente, se estaba entremezclando la Ciencia y la Espiritualidad, tanto afuera como adentro. Mejor dicho, lo externo estaba invitando a que aquella unión tomara cada vez más lugar y forma. Eso, a su vez, despertó la toma de consciencia de cuánta polaridad existe en nuestro interior; cómo en ocasiones la Ciencia polarizada tiende a rechazar a la Espiritualidad, en tanto que la Espiritualidad polarizada no sabe cómo abrazar a la Ciencia. Y miles de preguntas llovieron: ¿por qué? ¿para qué? ¿desde dónde vivimos? ¿quién habla realmente? ¿a quién escuchar? ¿cómo coexistir con ambas partes sin que se rechacen entre sí? ¿es posible integrarlas? ¿se puede vivir desde la completitud sin que una enjuicie a la otra?

Con el afán de querer seguir el camino del aprendizaje y tras sentir un vacío y sed en el saber, surgió la idea repentina de incursionar en un máster oficial que abriera la posibilidad en el campo de la docencia, manteniendo la llama que se había encendido como Docente de Anatomía Humana en la Facultad de Medicina antes de cruzar el Atlántico (ya que el máster de Osteopatía no lo permitía). Y aquí dio inicio otro ciclo de formación, totalmente impensado y sin la idea de que me otorgarían plaza, ya que sólo eran 60 las plazas disponibles: el máster en Neurociencias en la Universidad de Barcelona.

Una etapa increíble de conocimiento, que sumergía aún más en la comprensión del Ser Humano que había iniciado con el movimiento, seguido por la Fisioterapia y ampliando mucho más la perspectiva de manera física y holística e integrativa con la Osteopatía, y que ahora tenía lugar la comprensión del comportamiento y procesos que operan en nuestro cerebro los cuales, a su vez, tienen su impacto en nuestro organismo.

Esto volvió a disparar otros miles de preguntas sobre el terreno científico, pero otras que encuentran un tope en dicho campo, lo trascienden y van más allá, sin saber si alguna vez tendrían respuesta o quedaría en pregunta.

Lo cierto es que luego la vida entremezcló aún más las cosas: no sólo Ciencia y Espiritualidad, sino que añadió una cuestión que siempre permaneció de forma sigilosa, pero constante: la Música. Y la vida me condujo a formar parte de un grupo de Investigación Científica en Neurociencias que valora el comportamiento y los mecanismos cerebrales subyacentes a la Música como elemento de estudio principal, en relación con procesos disfuncionales o patológicos de la salud de los individuos.

Las piezas del rompecabezas encajaron, y de alguna manera, todo comenzó a sonar y a orquestarse en dirección a comprendernos cada vez más en la integridad y completitud.

Pero para ello, debía suceder internamente, y mucho más profundo de lo que imaginaba. Y ese era otro tipo de Camino. No se trataba de un camino académico. Ese camino tomó un nombre: Camino de Santiago. En cada año vivido en España, tuvo lugar un Camino de Santiago. Hasta la actualidad fueron 6 caminos (más los caminos hacia Muxía y Fisterra), que tenían lugar para hacer aquello que tenían por hacer.

Y ¿qué era aquello que tenían por hacer? Pues ir al fondo de aquellos lugares en los cuales la Ciencia no alcanzaba ni llegaba a dar respuestas, pero quien sí tendría cabida era la Espiritualidad, a través del autorreconocimiento. Los kilómetros andados externamente, a su vez eran kilómetros internos para silenciar a la mente, al pensamiento, y dar lugar al autorreconocimiento, es decir, volver a reconocerse. Volver a la Fuente.

Cada Camino muestra lo que necesitas observar para quebrarlo, rendirte, entregarlo y trascenderlo, lo que nos acercaría con pasos ganados hacia lo que llamamos Consciencia. El último Camino, Vía de la Plata, me ha regalado el fruto de resumirlo en 4 estados, los cuales he denominado: Contemplación – Introspección – Aceptación – Trascendencia. Estados que se vuelven una posible forma de hacer camino, pero en la vida.

Finalmente, para la comprensión del Ser Humano en su completitud, el punto de encuentro entre la Ciencia y la Espiritualidad es el mismo: la curiosidad. Que adopta forma de pregunta, y la cual puede tener o no respuesta. Pero que, si la apertura y aceptación desde la perspectiva de la existencia como seres en constante aprendizaje tiene lugar, entonces la completitud se acercaría cada vez más.”

María Florencia Vidal
Neurociencias | Osteópata DO | Fisioterapeuta | Anatomista | INEF
Nº Col. 17176
Clínica d´Osteopatia i Fisioteràpia Gir
Carrer de Rabassa, 29. Gràcia, 08024. Barcelona, España
Tel. +34677357892

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