COVID-19 ¿Y ahora qué, y ahora cómo ?

COVID-19 ¿Y ahora qué, y ahora cómo ?

Nunca antes en toda mi vida, como  tal vez os pasará a muchos y  muchas, había sido tan consciente en el propio y real  terreno de juego,  que no de teoría, ni de historias duras que te cuentan,  no contemporáneas, ni en el entorno más cercano, sino a esta escala mundial, de la ya sabida gran fragilidad y vulnerabilidad del ser humano. La pandemia  parece que ha llegado para  no sólo recordarnos, sino  gritarnos, algo que  precisamente no ignorábamos y es  que la enfermedad no entiende de razas, de religiones, de ideologías, de status social, de modo de pensar, de trayectoria en la vida, de idiomas, de fronteras, de nada….  De paso, aprovecha y como quien no quiere la cosa, posibilita en algunos casos, el sacudir de un modo  u otro nuestras conciencias, y es ahora cuando aislados y confinados, extrañamos, tenemos mucho tiempo para pensar en muchas cosas,  y probablemente entre ellas, en algún momento del día, o de la semana, o del mes, … nos dediquemos a ahondar acerca de cuestiones tales como  quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos,…. etc… etc….

 

También lo que no hemos hecho, lo que habíamos podido haber hecho mejor, valorar las “pequeñas” grandes cosas, y caer en la cuenta de que el mundo arrastra tanto que hasta que “se pone freno” tan drásticamente por una gravedad tal,  no era fácil salir de una situación tal como la que nos encontrábamos.

 

Se trataba como de un círculo vicioso en donde la era de lo virtual que ha llegado para quedarse y a Dios gracias, debido a todos los muchos avances que conlleva y las diversas funcionalidades que aporta por su agilidad, practicidad, funcionalidad, comodidad, etc,etc, pues ¿de qué otra manera nos habríamos podido comunicar sino, durante este confinamiento Como muy bien dice un anuncio que he escuchado y me ha parecido acertado con su enfoque  y mensaje publicitario: ” … nunca la tecnología había sido tan humana y necesaria como en estos días …”; pues bien,  también en la otra cara de la moneda  y siguiendo refiriéndome al uso de las redes sociales, corren el riesgo de ofrecer, en mi opinión , y en determinadas ocasiones , y analizando bien caso por caso, que no siempre,  una superficialidad y una inmediatez tal, que apenas se sustenta, una frivolidad, una falsa apariencia en donde el escaparate  nos  pareciese o nos  intentan decir, o nos lo creemos, o de todo un poco,  que importa tanto, que nos lleva a centrarnos todo el tiempo prácticamente en la multitud de estímulos externos, de todos tipos, colores, simbologías, contenidos, tendencias, significados, etc, etc., lo cual lejos de dejarnos un momento para pensar en quiénes somos, que no lo que nos quieren imponer que seamos, todo el tiempo, reduce drásticamente cuando no anula cuasi por completo nuestros espacios, momentos y tiempos para  acercarnos a descubrir nuestra interioridad y a profundizar en  nuestra dimensión espiritual.

 

Actividades como disfrutar de una puesta de sol, de  escuchar el canto de los pájaros durante un paseo, el disfrutar del silencio, tener tiempo para dedicar a algo muy valioso: poder pensar, analizar, sopesar, valorar, meditar, reflexionar, adecuar, planificar… lo que me ofrecen en un momento determinado, con lo que yo realmente quiero, busco, procuro, necesito, anhelo, etc,. Todo esto nos permitiría evitar en gran medida sino muchos, algunos más de  nuestros errores.

 

También esta actitud de interiorizar nos conduce paradójicamente a  salir de nosotros mism@s , a donarnos al otro, a fomentar un verdadero encuentro con el otro, y a preocuparnos por  las personas, no tanto por las cosas únicamente,  y dejar de preocuparnos tanto por nuestras cosas y empezando más a ocuparnos, a focalizarnos, a centrarnos. Sólo imaginarnos  el consiguiente alivio y suspiro esperanzador que esto conlleva. Y por consiguiente a la actitud proactiva que nos emplaza.  Y como somos seres en relación,  y la palabra tiene un poder inmenso lo cual es conocido por todos, el efecto dominó que esto puede producir primeramente y sin ir más lejos,  en nuestro propio diálogo interno, como a nivel familia,  ámbito educativo, en un equipo de trabajo,  sociedad, nación, … y así hasta un efecto a nivel mundial, efecto positivo, cuya semilla está en el interior de cada uno de nuestros corazones tanto en cuanto comiencen a albergar más paz, amor, prudencia  y templanza para hablar, sosiego para escuchar, prontitud para tratar de perdonar y enseñar y ser más astutos para la próxima vez , lo cual no va reñido con la mansedumbre, y  que no sean los “ justos los que paguen por los pecadores” y que nos perdamos buenas oportunidades a cualquier nivel.

 

Dejar espacios así, para por ejemplo , darnos el permiso , atrevernos, decidirnos y disponernos a  interesarnos por el prójimo,   al asumir que es un ser humano como nosotros, con sus fortalezas, debilidades, su dignidad, y su mayor o menor número de aciertos, lo cual es el resultado de una grandísima conjunción de variables, muchas de ellas fuera de nuestro control, por lo que creo es necesario una vez más volver a recordar esta cita de autor desconocido, “ Cada persona que ves, está luchando una batalla de la que tú no sabes nada. Sé amable siempre”. «No juzquéis y no seréis juzgados» ( Lucas 6, 36-38)

 

Por el contrario  considero que en muchas ocasiones  era como que imperaba la necesidad de seguir buscando y tal vez  encontrando en algunas ocasiones, en otras, únicamente nos valía con la idea que se nos adaptasen, o nos queríamos convencer de ello,   las “máscaras” adecuadas para de la mejor manera que cada un@ podemos, sabemos, estamos dispuestos y preparados, y las circunstancias nos permiten según en qué contexto, ir sobreviviendo y  tratar de ser “aceptado”  y me atrevo a decir “trampeando” en el sentido de no estar con la firmeza y coherencia que  se supone entre el  pensar y el hacer en base a tus verdaderos principios, y  así únicamente en aras de sobrevivir física, mental, emocionalmente….  y seguir adelante también confinados de algún modo dentro de este mundanal ruido, cuyo eco tapona  tanto cualquier intento de querer ahondar en mi persona, como cuestionarme algo que vaya en contra de lo que la mayoría viene haciendo , en donde pesa más esa mayoría que el análisis de en qué medida ética y moral ese principio me condiciona, me posibilita dar lo mejor de mí o sacar lo peor, me confronta con  mis verdaderos valores, mi autenticidad, de descubrir  el sentido profundo  que le estoy otorgando a mi verdadera vida, hacia dónde me dirijo y desde dónde, con cada uno de los pasos que cada jornada ansío avanzar, ¿cuál es i verdadera meta?¿ cuál quiero que sea mi legado? Y si los tengo claros, ¿me he parado a pensar si estoy verdaderamente  convencida de si  el fin  al que me quiero aproximar justifica los medios que estoy empleando para ello?

 

Y así un día tras otro inmersos en  las obligaciones y responsabilidades que cada uno tenemos, atrapados por la vorágine de la rutina,  se nos impide pensar y adentrarnos  hacia la verdadera e interesante cuestión que en mi opinión lo es, el descubrir quiénes realmente somos y cuál es el verdadero sentido de nuestra vida en esta tierra.

 

Y es entonces cuando nos despertamos, y todo lo que nos podría  parecía un sueño horrible, una pesadilla, sucede y se transforma en real y en donde todo lo “real” se diluye, y ahora hemos de asimilar más que nunca cuál es nuestra misión, y qué vamos a hacer con lo que nos toca, en cada uno de nuestros contextos, con todos los cambios que en mayor o menor medida se habrán producido, ¿cómo nos encontramos?, ¿a dónde nos ha llevado todo esto?, ¿de qué manera ha afectado a nuestro entorno?,  y ¿de qué manera “nos” ha afectado personalmente?

 

Y así, ”de estas aguas,… estos lodos”, ¿ Y ahora qué? ¿ y ahora cómo?

 

 

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